martes, 15 de abril de 2014

Relato de los Viajeros

Lago Leopoldo "Paraka-Wachoy"

AMAZONAS, VENEZUELA

También llamado lago Paraka-wachoi. Esta es una de las pocas lagunas de la Guayana Venezolana. Tiene unas dimensiones de unos 370 por 220 m. se encuentra en la superficie de una capa de arenisca (impermeable) que buza hacia otra situada al este que le sirve de represa. Los indígenas Piaroa nunca se habían acercado a la orilla de este Lago que a par tir de entonces empezamos a llamar "Lago Leopoldo", pero que después de 1977 pudo ser traducido como "Paraka-Wachoi" o el "Lago del Cerro Paraque" (Mendoza, 2002), porque así le pusieron como nombre unos indígenas Piaroa que par ticiparon en una de las expediciones que había organizado el Dr. Luís Daniel Berrizbeitia.
Lago Leopoldo descubierto en el año 1952 por una expedición patrocinada por el Rey Leopoldo de Bélgica. Lago Leopoldo surge de la reláfica escrita por Roger Bodart de la expedición del Rey Leopoldo III de Bélgica al Alto Orinoco en 1952. El Lago Leopoldo fue fotografiado muchas veces desde el aire y existe una película filmada por el Capitán Harry Gibson que indica un aguaje en el medio del Lago. De ahí surgió la leyenda del monstruo del Lago Leopoldo.
RELATO EXPEDICIÓN OCTUBRE 2011
Integrantes:
LAGO LEOPOLDO
DÍA 1
Llegamos a Puerto Ayacucho, por Tierra. Nuestra guía Mario nos fue a buscar al terminal, posteriormente conocimos a nuestro otro guía, Carlos Silva.
Arrancamos para el puerto Samariapo y embarcamos alrededor del mediodía con muchíííííísimo sol. Inmediatamente comienza a sentirse la imponente naturaleza, los intensos verdes, el perfecto reflejo de los árboles sobre el oscuro río y ese olor repentino a una flor que aún desconozco pero que me resulta fascinante, inquietante.
Transcurridas algunas horas llegamos hasta una playita donde disfrutamos de un rico baño en un riachuelo muy lindo, muy coqueto, donde también se bañaban un par de niños Piaroas , posteriormente hicimos nuestro merecido almuerzo para continuar la travesía. Mientras navegábamos pudimos observar varias parejitas de guacamayas, muy escandalosas, como dueñas del aire, también observamos una tortuga cerca de la orilla y muchos peces de los que llaman saltones.
Ya al caer la tarde desembarcamos en el Campamento Mavaco, y nos preparamos para la cena. En ese campamento los pájaros nocturnos tienen un canto muy misterioso, muy particular.
DÍA 2
Nos despertamos muy tempranito, exquisita la sensación de frescura propia del amanecer en la selva, su olor, los múltiples sonidos matutinos que te instan a quedarte recostada un rato más para disfrutarlos en pleno.
En la espera de que los chicos preparan el desayuno comenzamos a explorar los alrededores, a fotografiar. El río Autana imponente, denso. El sol: poderoso, resplandeciente.
Después de desayunar, embarcamos en busca de las personas a quien le íbamos a dejar la lancha mientras nos internábamos en la selva. Llegamos a un caserío donde realmente vive una sola familia en un shabono, entramos y es realmente impresionante pensar que tanta gente realice la mayoría de sus actividades en ese espacio tan pequeño, aunque a pesar de ello siempre hay lugar para una mascota, un bello loro con un plumaje brillante, espectacular, muy colorido, que contrastaba con su susceptible genio. Nos invitaron a beber un "refresco" que se obtiene del fruto de la palma del seje, de características lechosa, aceitosa. Posteriormente partimos con los nuevos integrantes de la tripulación.
Mientras navegábamos observé un ave que creo era un águila, que se quedó atrapada en una corriente de aire y tuvo la fortaleza para salir rápidamente de ella, que impresionante, nunca había visto eso. Hay que mirar más al cielo.


Atravesamos el Caño Manteco en un tiempo aproximado de una hora, éste caño se caracteriza por su espesa selva y por ser una suerte de laberinto que sólo los más conocedores deberían intentar atravesar. Llegamos al Raudal El Merey porque de allí en adelante no se puede navegar, nos bajamos y disfrutamos de un merecido almuerzo. El camino: pues para mí no hay una palabra que le haga mérito, cubierto de un musgo muy espeso de un color verde grama, lo cubría todo, el piso, las rocas, los árboles. y entonces el olor, ¿cómo describir el olor?, pues a pesar de la lluvia, se sentía su olor muy suave pero perenne, que se dejaba colar, se hacía parte de uno. No pude evitar en más de una ocasión agacharme y tocar el musgo, tocar las rocas que tenían una forma circular casi perfecta, por supuesto cubiertas totalmente de musgo. El camino a pesar de los pocitos que iba formando la lluvia, fue muy generoso, prácticamente plano, nos guiaba en ocasiones hasta el río, donde aprovechábamos eventualmente para descansar, luego nos internábamos de nuevo en la selva, en medio de esos cambios se podían observar rocas inmensas, muy antiguas al parecer. 

Nuestro guía Mario nos indicó que teníamos suerte de que lloviera, porque de lo contrario el sol era inclemente y la caminata se tornaba un poco difícil por el calor.
A medida que vas caminando es imposible no sentir que eres parte de toda esa maravilla que estás presenciando, que de alguna forma existe una conexión y entonces tú mente va limpiándose de pensamientos y llenándose de selva y es cuando la caminata se transforma en meditación.
Llegamos al campamento ubicado entre dos ríos, en uno de ellos una bella cascada llamada El Mono, la caminata tuvo una duración de 3:45 h. Decidimos ir a explorar la cascada, quien motivada a la lluvia, mostraba toda su furia, muy impresionante, una caída de agua bellísima, decidimos bañarnos a orillas del río que habíamos atravesado y que se encontraba a un lado del campamento, temperatura del agua: muy aceptable. Esa noche la comida caliente y la ropa seca cobraron mucho valor.


DÍA 3
Que rico el amanecer, no con el cantar concentrado de pájaros como en Mavaco, pero sí con el sonido de la cascada y el río en plena actividad, como despertándose también.
Muy cerca de la cascada se formaron unas cuevas muy pequeñas, prácticamente inaccesibles, pero la más grande era de total acceso, es un bello sitio ubicado estratégicamente frente a la cascada, donde todo alrededor te lleva a la contemplación, a la paz. Es muy sabrosa la cascada y tiene un color té típico de muchos ríos en Amazonas, la temperatura: genial. Detrás de la cascada hay unas rocas donde uno se puede sentar y disfrutar de un agradable masaje natural, con la caída de agua. Pudimos observar cómo se formaba un arcoíris pequeñito en ese sitio donde estábamos cómodamente sentados. Disfrutamos un rato más y fuimos a arreglar nuestras cosas y recoger el campamento para iniciar la caminata a nuestra meta:

El lago Leopoldo.

Cascada El Zorro.


La caminata hacia El Lago es diferente, es un camino más inclinado, en principio se inicia paralelo a la cascada, más arriba de ella se forman un conjunto de pozos como jacuzzis con una vista de lujo, nada más y nada menos que el espectacular AUTANA de fondo. A medida que íbamos subiendo note que en esta zona hay mayor variedad de flores en comparación con la parte baja. A nuestra izquierda siempre podíamos ver al Autana, ocultándose tras la neblina y apareciendo de nuevo.
En el camino hicimos varias paradas para descansar, merendar y tomar fotos, a más de la mitad del mismo comenzó a llover, pero fue una lluvia refrescante, solo que en la subida la arenisca rosada que predomina en el lugar, se torna lisa y con la lluvia se pone algo resbalosa por lo que tuvimos que tener cuidado al pisarla. Nos topamos con un Danto que solo vió Mario y que nosotros pudimos escuchar porque salió corriendo al sentir nuestra presencia.
En el piso pudimos ver muchos ciempiés y por primera vez y venciendo el asco me colocaron uno en la mano y la sensación fue bastante grata, una especie de cosquilleo y de masaje a la vez.
Llegamos a un tramo muy espeso con dos caminos y con unas bromelias inmensas, a nuestra espalda El Autana, a nuestro frente? Estábamos por descubrirlo, Carlos sugirió que tomáramos el camino hacia el mirador, dejamos nuestras cosas y para allá fuimos, como a 2 min estaba el sitio, un mirador con vista al Lago Leopoldo en toda su plenitud. Es un Lago misterioso, imponente, rodeado de unas montañas bellísimas, verdecitas; es como si el Lago guardase un secreto, la sensación al estar allí es única. Sientes un viento muy ligero, que te refresca de la caminata, sientes el placer que te brinda el saber que llegaste después de 2 horas de caminata y que valió la pena tan solo por lo que tienes delante de ti, se siente mucha alegría que no sabes de donde viene. Aprovechamos y nos tomamos varias foticos de grupo.
Nos devolvimos para buscar nuestros bolsos y llegar al sitio donde íbamos a pernoctar que estaba como a unos 10 min, ese tramo hasta el sitio de pernocta es bastante inclinado y resbaloso, por suerte es corto. El sitio es una cueva con vista al Lago, que nos protegía de la lluvia. El Lago estaba bastante lleno, no había playa y tampoco se veía la fuente de agua por la que se alimenta.Fuimos a bañarnos y apenas entramos nos dimos cuenta que no pisábamos más allá de medio metro, es un Lago muy misterioso y quien sabe que tan profundo. Está rodeado por paredes que parecieran protegerlo para evitar revelar su secreto.
Vista del Autana.
Regresamos a la cueva, nos cambiamos y pusimos ropa seca (como se agradece eso), luego nos dispusimos a subir a un mirador que según nos indicó Carlos, sólo había sido visitado en una ocasión, por él mismo quien fue el que abrió el camino y lo encontró, por lo que lo llamamos Mirador de Carlos. La subida es inclinada, pero apacible, el suelo es muy blando formado por muchas hojas. Mario nos dijo que debido a que la tierra era muy pobre en nutrientes, los árboles como mecanismo de adaptación sacaban sus raíces a la superficie y se nutrían de las hojas descompuestas.
Estuvimos subiendo hacia el mirador apróx. durante 20 min, inmediatamente llegamos a una rocas bastante grandes y luego la selva se abrió y llegamos al Mirador: WOW, es lo primero que se dice cuando se llega a él, es sencillamente esplendorosa la vista, todas las montañas frente a nosotros (el Valle del Cuao), el río abajo, detrás el lago Leopoldo rodeado de sus poderosas montañas protectoras. Que paaaaz, como para no irse más de allí, en esos momentos uno siente que no necesita más nada, que eres un ser completo, entonces para que irte de allí. Se puede sentir la energía del lugar, es un sitio puro, limpio. De repente comenzamos a ver como a cada uno de nosotros se nos paraban en su totalidad, mechones de nuestros cabellos, impresionante, entonces comenzamos a reír como niños burlándonos los unos de los otros.
Permanecimos en el Mirador quizá como 40 min que parecieron 5min, observamos el atardecer, creo que todos de una forma u otra meditamos; y llegó el lamentable momento en el que tuvimos que bajar antes de que se hiciera de noche.Esa noche sentí que todos estábamos en familia, había mucha armonía, mucha alegría. La noche en el Lago fue algo diferente a las anteriores, había mucha actividad en la selva, hay muchos animales nocturnos.
. En las Profundas aguas del Lago Leopoldo.
DÍA 4
Desde la hamaca se podía ver el Lago y su pared trasera, una vista relajante. Nos levantamos, recogimos todo y la nostalgia prematura comenzó a tener cabida, iniciamos el corto ascenso por el camino empinado para encontrarnos en la doble vía de las bromelias gigantes e iniciar el descenso, el Autana como bella costumbre haciéndose presente en todo momento.
Mientras bajamos, el clima nos trató bastante bien. En un momento escuchamos la cascada y comenzamos a ver los jacuzzis e hicimos una parada para darnos un rico baño, no faltó la presencia de unos insectos muy antipáticos llamados "lambeojos", que entran directo a los ojos y tratan de hacer de ellos su hogar, son realmente insoportables, pero unos lentes oscuros ajustados al rostro ayudan a combatirlos con un 90% de eficacia.
Después de algunos fotos Mario nos llamó para el pozo más hondo, ese pozo fue genial, con muchas caídas de agua internas a distintos niveles que daban a una cascada secundaria y si te colocabas en la piedra por la que pasaba el agua que surtía a la cascada secundaria, tenías una sensación de libertad tremenda con una extraña mezcla de poder y fragilidad.
Ya era la hora del almuerzo y los chicos nos prepararon unas ricas hamburguesas de galleta de soda, sin salsas, light pues, rellenas de atún y de postre galletas con mermelada, me encantó.
Una vez almorzadas y atacadas por los "lambeojos", procedimos con la caminata, ésta vez el Sol decidió hacerse sentir y la lluvia no quiso ser nuestra aliada, por lo que la caminata se tornó calurosa.
Desde Ceguera.
desde la Comunidad de Ceguera, se ve el Uripica y algo del Autana

La última parte del camino, espectacular, cubierta de musgo, toda la vegetación muy brillante como sí la selva entera te hablara en ese idioma que aunque no reconoces, igual puedes solidarizarte con ella porque sientes que son lo mismo. La música de turno: el caudal del río.
Por fin llegamos a la lancha, iniciamos la travesía por el caño manteco, observamos muchos pájaros martín pescador, me atraía tanto la forma como la vegetación se refleja en el agua, si se mira con atención, se crea una ilusión óptica que confunde y te dificulta saber hasta dónde llegan los árboles y dónde está el cielo. La tarde comenzó a caer y por suerte ya íbamos saliendo del caño, nos dirigíamos al campamento La Pereza. El anochecer navegando el río es apoteósico, la selva se muestra majestuosa, imponente; representada por las montañas que te hacen sentir ínfimo en la Tierra, los árboles moviéndose de forma acompasada te indican que son una gran fortaleza y que están tan unidos que danzan al unísono, el río te dice: "no te atrevas a caerte sobre mi porque no conoces de mis misterios", sin embargo; el viento te trae el olor de los árboles, de la montaña y del río y te sopla a la cara diciéndote: tranquila, yo traigo a ti parte de cada uno de ellos y te ratifico, todos somos uno.
Rápidamente llegamos al paradisíaco campamento la Pereza, se caracteriza por presentar una playa de roca arenisca de grisácea a negruzca que retiene el calor y en dondeal sentarte, además que si tienes frío se te quita, te haces espectador de varios hechos; en primer lugar tienes a tus pies la última parte navegable del río Autana porque se forman unos rápidos que impiden seguir pero que son música para los oídos, en segundo lugar por alguna razón que desconozco, las estrellas desde éste campamento se observan más claramente. En tercer lugar y no menos importante, de fondo se aprecia El Autana en todo su esplendor. Por si esto fuese poco y con ánimo de rayar en la grosería, aparece la luna nueva invadiendo todo con su luz y compitiendo en éste certamen de belleza.
DÍA 5
Dormimos pendientes de poder disfrutar del amanecer y ¿qué decir de él?, cuando crees que la noche ha sido espectacular y que nada puede mejorar eso, aparece éste señor, el amanecer, invadiendo el cielo con sus tonos rojos y amarillos que se reflejan en la cima del tepuy y sobre la superficie del río, y entonces ya no sabes hacia dónde mirar.
Recogimos todo y nos despedimos del amigable y poderoso campamento La Pereza. Arrancamos rumbo a Ceguera para comprar gasolina.
El Lago Leopoldo desde el mirador .
Llegamos a la Comunidad de Ceguera, el paisaje que rodea a esa comunidad es increíble, majestuoso.Partimos a dejar a los chicos que nos acompañaban en su comunidad secreta. En el agua Mario nos indicó la presencia de muchos peces neón, que bellos son, con ese color fosforescente. Continuamos el viaje de retorno e hicimos una parada muy esperada para nosotras, en la comunidad la Laja del Danto, allí íbamos en busca de una familia Piaroa que nos recibió en una oportunidad pasada y disfrutamos mucho con ellos y en especial de Elio un niño que nos enamoró. Pues bien al llegar, encontramos a Elio y a su mamá, está bellísimo, con esa candidez y esa dulzura que lo caracterizan. Les entregamos unos pequeñitos obsequios, entre ellos unos globos con los cuales nos divertimos mucho viéndolo jugar e intentar inflarlos. Nos despedimos con tristeza y dejando un poquito de nuestro corazón allí, lamentando no poder compartir más tiempo con Él y no haber visto al resto de su familia.
Retomamos el camino de regreso, el candente sol perdió intensidad y nubes de lluvia comenzaron a apoderarse de la zona, hicimos una parada para comer, la lluvia era inminente se podía ver como se acercaba hasta que apareció. Arrancamos de nuevo. La lluvia se hacía cada vez más intensa, tanto así que me dificultaba el respirar, era como si la selva nos quisiera dejar un recordatorio de su poderío, nunca había sentido una lluvia tan intensa sobre mí. Finalmente llegamos al puerto Samariapo donde termina nuestra travesía. Gracias a Dios y a nuestros guías por éste viaje!