También llamado lago Paraka-wachoi. Esta es una de las pocas lagunas de
la Guayana Venezolana. Tiene unas dimensiones de unos 370 por 220 m. se
encuentra en la superficie de una capa de arenisca (impermeable) que
buza hacia otra situada al este que le sirve de represa.
Los indígenas Piaroa nunca se habían acercado a la orilla de este Lago
que a par tir de entonces empezamos a llamar "Lago Leopoldo", pero que
después de 1977 pudo ser traducido como "Paraka-Wachoi" o el "Lago del
Cerro Paraque" (Mendoza, 2002), porque así le pusieron como nombre unos
indígenas Piaroa que par ticiparon en una de las expediciones que había
organizado el Dr. Luís Daniel Berrizbeitia.
Lago
Leopoldo descubierto en el año 1952 por una expedición patrocinada por
el Rey Leopoldo de Bélgica. Lago Leopoldo surge de la reláfica escrita
por Roger Bodart de la expedición del Rey Leopoldo III de Bélgica al
Alto Orinoco en 1952. El Lago Leopoldo fue fotografiado muchas veces
desde el aire y existe una película filmada por el Capitán Harry Gibson
que indica un aguaje en el medio del Lago. De ahí surgió la leyenda del
monstruo del Lago Leopoldo.
RELATO EXPEDICIÓN OCTUBRE 2011
Integrantes:
-
Marine Nava
-
Yarilis Tovar
Por: Mariné Nava B.
LAGO LEOPOLDO
DÍA 2
Nos
despertamos muy tempranito, exquisita la sensación de frescura propia
del amanecer en la selva, su olor, los múltiples sonidos matutinos que
te instan a quedarte recostada un rato más para disfrutarlos en pleno.
En
la espera de que los chicos preparan el desayuno comenzamos a explorar
los alrededores, a fotografiar. El río Autana imponente, denso. El sol:
poderoso, resplandeciente.
Después
de desayunar, embarcamos en busca de las personas a quien le íbamos a
dejar la lancha mientras nos internábamos en la selva. Llegamos a un
caserío donde realmente vive una sola familia en un shabono, entramos y
es realmente impresionante pensar que tanta gente realice la mayoría de
sus actividades en ese espacio tan pequeño, aunque a pesar de ello
siempre hay lugar para una mascota, un bello loro con un plumaje
brillante, espectacular, muy colorido, que contrastaba con su
susceptible genio. Nos invitaron a beber un "refresco" que se obtiene
del fruto de la palma del seje, de características lechosa, aceitosa.
Posteriormente partimos con los nuevos integrantes de la tripulación.
Nuestro
guía Mario nos indicó que teníamos suerte de que lloviera, porque de lo
contrario el sol era inclemente y la caminata se tornaba un poco
difícil por el calor.
A
medida que vas caminando es imposible no sentir que eres parte de toda
esa maravilla que estás presenciando, que de alguna forma existe una
conexión y entonces tú mente va limpiándose de pensamientos y llenándose
de selva y es cuando la caminata se transforma en meditación.
Llegamos
al campamento ubicado entre dos ríos, en uno de ellos una bella cascada
llamada El Mono, la caminata tuvo una duración de 3:45 h. Decidimos ir a
explorar la cascada, quien motivada a la lluvia, mostraba toda su
furia, muy impresionante, una caída de agua bellísima, decidimos
bañarnos a orillas del río que habíamos atravesado y que se encontraba a
un lado del campamento, temperatura del agua: muy aceptable. Esa noche
la comida caliente y la ropa seca cobraron mucho valor.
DÍA 3
Que
rico el amanecer, no con el cantar concentrado de pájaros como en
Mavaco, pero sí con el sonido de la cascada y el río en plena actividad,
como despertándose también.
Muy
cerca de la cascada se formaron unas cuevas muy pequeñas, prácticamente
inaccesibles, pero la más grande era de total acceso, es un bello sitio
ubicado estratégicamente frente a la cascada, donde todo alrededor te
lleva a la contemplación, a la paz. Es muy sabrosa la cascada y tiene un
color té típico de muchos ríos en Amazonas, la temperatura: genial.
Detrás de la cascada hay unas rocas donde uno se puede sentar y
disfrutar de un agradable masaje natural, con la caída de agua. Pudimos
observar cómo se formaba un arcoíris pequeñito en ese sitio donde
estábamos cómodamente sentados. Disfrutamos un rato más y fuimos a
arreglar nuestras cosas y recoger el campamento para iniciar la caminata
a nuestra meta:
El lago Leopoldo.
Cascada El Zorro.
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La caminata hacia El Lago es diferente, es un camino más inclinado, en principio se inicia paralelo a la cascada, más arriba de ella se forman un conjunto de pozos como jacuzzis con una vista de lujo, nada más y nada menos que el espectacular AUTANA de fondo. A medida que íbamos subiendo note que en esta zona hay mayor variedad de flores en comparación con la parte baja. A nuestra izquierda siempre podíamos ver al Autana, ocultándose tras la neblina y apareciendo de nuevo.
En
el camino hicimos varias paradas para descansar, merendar y tomar fotos,
a más de la mitad del mismo comenzó a llover, pero fue una lluvia
refrescante, solo que en la subida la arenisca rosada que predomina en
el lugar, se torna lisa y con la lluvia se pone algo resbalosa por lo
que tuvimos que tener cuidado al pisarla. Nos topamos con un Danto que
solo vió Mario y que nosotros pudimos escuchar porque salió corriendo al
sentir nuestra presencia.
En
el piso pudimos ver muchos ciempiés y por primera vez y venciendo el
asco me colocaron uno en la mano y la sensación fue bastante grata, una
especie de cosquilleo y de masaje a la vez.
Llegamos
a un tramo muy espeso con dos caminos y con unas bromelias inmensas, a
nuestra espalda El Autana, a nuestro frente? Estábamos por descubrirlo,
Carlos sugirió que tomáramos el camino hacia el mirador, dejamos
nuestras cosas y para allá fuimos, como a 2 min estaba el sitio, un
mirador con vista al Lago Leopoldo en toda su plenitud. Es un Lago
misterioso, imponente, rodeado de unas montañas bellísimas, verdecitas;
es como si el Lago guardase un secreto, la sensación al estar allí es
única. Sientes un viento muy ligero, que te refresca de la caminata,
sientes el placer que te brinda el saber que llegaste después de 2 horas
de caminata y que valió la pena tan solo por lo que tienes delante de
ti, se siente mucha alegría que no sabes de donde viene. Aprovechamos y
nos tomamos varias foticos de grupo.
Nos
devolvimos para buscar nuestros bolsos y llegar al sitio donde íbamos a
pernoctar que estaba como a unos 10 min, ese tramo hasta el sitio de
pernocta es bastante inclinado y resbaloso, por suerte es corto. El
sitio es una cueva con vista al Lago, que nos protegía de la lluvia. El
Lago estaba bastante lleno, no había playa y tampoco se veía la fuente
de agua por la que se alimenta.Fuimos a bañarnos y apenas entramos nos
dimos cuenta que no pisábamos más allá de medio metro, es un Lago muy
misterioso y quien sabe que tan profundo. Está rodeado por paredes que
parecieran protegerlo para evitar revelar su secreto.
Vista del Autana.
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Regresamos
a la cueva, nos cambiamos y pusimos ropa seca (como se agradece eso),
luego nos dispusimos a subir a un mirador que según nos indicó Carlos,
sólo había sido visitado en una ocasión, por él mismo quien fue el que
abrió el camino y lo encontró, por lo que lo llamamos Mirador de Carlos.
La subida es inclinada, pero apacible, el suelo es muy blando formado
por muchas hojas. Mario nos dijo que debido a que la tierra era muy
pobre en nutrientes, los árboles como mecanismo de adaptación sacaban
sus raíces a la superficie y se nutrían de las hojas descompuestas.
Estuvimos
subiendo hacia el mirador apróx. durante 20 min, inmediatamente
llegamos a una rocas bastante grandes y luego la selva se abrió y
llegamos al Mirador: WOW, es lo primero que se dice cuando se llega a
él, es sencillamente esplendorosa la vista, todas las montañas frente a
nosotros (el Valle del Cuao), el río abajo, detrás el lago Leopoldo
rodeado de sus poderosas montañas protectoras. Que paaaaz, como para no
irse más de allí, en esos momentos uno siente que no necesita más nada,
que eres un ser completo, entonces para que irte de allí. Se puede
sentir la energía del lugar, es un sitio puro, limpio. De repente
comenzamos a ver como a cada uno de nosotros se nos paraban en su
totalidad, mechones de nuestros cabellos, impresionante, entonces
comenzamos a reír como niños burlándonos los unos de los otros.
Permanecimos
en el Mirador quizá como 40 min que parecieron 5min, observamos el
atardecer, creo que todos de una forma u otra meditamos; y llegó el
lamentable momento en el que tuvimos que bajar antes de que se hiciera
de noche.Esa noche sentí que todos estábamos en familia, había mucha
armonía, mucha alegría. La noche en el Lago fue algo diferente a las
anteriores, había mucha actividad en la selva, hay muchos animales
nocturnos.
. En las Profundas aguas del Lago Leopoldo.
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DÍA 4
Desde
la hamaca se podía ver el Lago y su pared trasera, una vista relajante.
Nos levantamos, recogimos todo y la nostalgia prematura comenzó a tener
cabida, iniciamos el corto ascenso por el camino empinado para
encontrarnos en la doble vía de las bromelias gigantes e iniciar el
descenso, el Autana como bella costumbre haciéndose presente en todo
momento.
Mientras
bajamos, el clima nos trató bastante bien. En un momento escuchamos la
cascada y comenzamos a ver los jacuzzis e hicimos una parada para darnos
un rico baño, no faltó la presencia de unos insectos muy antipáticos
llamados "lambeojos", que entran directo a los ojos y tratan de hacer de
ellos su hogar, son realmente insoportables, pero unos lentes oscuros
ajustados al rostro ayudan a combatirlos con un 90% de eficacia.
Después
de algunos fotos Mario nos llamó para el pozo más hondo, ese pozo fue
genial, con muchas caídas de agua internas a distintos niveles que daban
a una cascada secundaria y si te colocabas en la piedra por la que
pasaba el agua que surtía a la cascada secundaria, tenías una sensación
de libertad tremenda con una extraña mezcla de poder y fragilidad.
Ya
era la hora del almuerzo y los chicos nos prepararon unas ricas
hamburguesas de galleta de soda, sin salsas, light pues, rellenas de
atún y de postre galletas con mermelada, me encantó.
Una
vez almorzadas y atacadas por los "lambeojos", procedimos con la
caminata, ésta vez el Sol decidió hacerse sentir y la lluvia no quiso
ser nuestra aliada, por lo que la caminata se tornó calurosa.
Desde Ceguera.
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desde la Comunidad de Ceguera, se ve el Uripica y algo del Autana
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La última parte del camino, espectacular, cubierta de musgo, toda la vegetación muy brillante como sí la selva entera te hablara en ese idioma que aunque no reconoces, igual puedes solidarizarte con ella porque sientes que son lo mismo. La música de turno: el caudal del río.
Por
fin llegamos a la lancha, iniciamos la travesía por el caño manteco,
observamos muchos pájaros martín pescador, me atraía tanto la forma como
la vegetación se refleja en el agua, si se mira con atención, se crea
una ilusión óptica que confunde y te dificulta saber hasta dónde llegan
los árboles y dónde está el cielo. La tarde comenzó a caer y por suerte
ya íbamos saliendo del caño, nos dirigíamos al campamento La Pereza. El
anochecer navegando el río es apoteósico, la selva se muestra
majestuosa, imponente; representada por las montañas que te hacen sentir
ínfimo en la Tierra, los árboles moviéndose de forma acompasada te
indican que son una gran fortaleza y que están tan unidos que danzan al
unísono, el río te dice: "no te atrevas a caerte sobre mi porque no
conoces de mis misterios", sin embargo; el viento te trae el olor de los
árboles, de la montaña y del río y te sopla a la cara diciéndote:
tranquila, yo traigo a ti parte de cada uno de ellos y te ratifico,
todos somos uno.
Rápidamente
llegamos al paradisíaco campamento la Pereza, se caracteriza por
presentar una playa de roca arenisca de grisácea a negruzca que retiene
el calor y en dondeal sentarte, además que si tienes frío se te quita,
te haces espectador de varios hechos; en primer lugar tienes a tus pies
la última parte navegable del río Autana porque se forman unos rápidos
que impiden seguir pero que son música para los oídos, en segundo lugar
por alguna razón que desconozco, las estrellas desde éste campamento se
observan más claramente. En tercer lugar y no menos importante, de fondo
se aprecia El Autana en todo su esplendor. Por si esto fuese poco y con
ánimo de rayar en la grosería, aparece la luna nueva invadiendo todo
con su luz y compitiendo en éste certamen de belleza.
DÍA 5
Dormimos
pendientes de poder disfrutar del amanecer y ¿qué decir de él?, cuando
crees que la noche ha sido espectacular y que nada puede mejorar eso,
aparece éste señor, el amanecer, invadiendo el cielo con sus tonos rojos
y amarillos que se reflejan en la cima del tepuy y sobre la superficie
del río, y entonces ya no sabes hacia dónde mirar.
Recogimos todo y nos despedimos del amigable y poderoso campamento La Pereza. Arrancamos rumbo a Ceguera para comprar gasolina.
El Lago Leopoldo desde el mirador .
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Llegamos
a la Comunidad de Ceguera, el paisaje que rodea a esa comunidad es
increíble, majestuoso.Partimos a dejar a los chicos que nos acompañaban
en su comunidad secreta. En el agua Mario nos indicó la presencia de
muchos peces neón, que bellos son, con ese color fosforescente.
Continuamos el viaje de retorno e hicimos una parada muy esperada para
nosotras, en la comunidad la Laja del Danto, allí íbamos en busca de una
familia Piaroa que nos recibió en una oportunidad pasada y disfrutamos
mucho con ellos y en especial de Elio un niño que nos enamoró. Pues bien
al llegar, encontramos a Elio y a su mamá, está bellísimo, con esa
candidez y esa dulzura que lo caracterizan. Les entregamos unos
pequeñitos obsequios, entre ellos unos globos con los cuales nos
divertimos mucho viéndolo jugar e intentar inflarlos. Nos despedimos con
tristeza y dejando un poquito de nuestro corazón allí, lamentando no
poder compartir más tiempo con Él y no haber visto al resto de su
familia.
Retomamos
el camino de regreso, el candente sol perdió intensidad y nubes de
lluvia comenzaron a apoderarse de la zona, hicimos una parada para
comer, la lluvia era inminente se podía ver como se acercaba hasta que
apareció. Arrancamos de nuevo. La lluvia se hacía cada vez más intensa,
tanto así que me dificultaba el respirar, era como si la selva nos
quisiera dejar un recordatorio de su poderío, nunca había sentido una
lluvia tan intensa sobre mí. Finalmente llegamos al puerto Samariapo
donde termina nuestra travesía. Gracias a Dios y a nuestros guías por
éste viaje!
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